Tened por Templo, el Universo
por Altar, vuestros Corazones
por Imagen, a Dios
por Sacerdote, la Conciencia.

(Hilario, guía de Constancia)

 

 

Biografia

 

Cosme Mariño:

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   21 de marzo de 1926: Gran velada en el salón-teatro “Unione e Benevolenza”de Buenos Aires. Los espiritistas argentinos se congregaron para rendir homenaje a Don Cosme Mariño, entonces de 79 años de edad, por su brillante trayectoria doctrinaria.
            El obsequio principal fue un álbum en cuya tapa decía: “A Cosme Mariño, sus correligionarios”. Y la dedicatoria de la primera página es la siguiente:
            “Líder del espiritismo en la Argentina; luchador infatigable, valiente defensor de nuestros ideales, propagandista ilustrado y tenaz; ejemplo de laboriosidad, constancia y firmeza de convicciones; cuya obra en pro del estudio y difusión de la Filosofía Espiritista llevada a cabo con la fe, entusiasmo y decisión de quien procede de acuerdo con profundas convicciones e impelido por el amor al bien y seguro de contribuir eficazmente al progreso moral de la humanidad, representa inmensa y profícua labor realizada, sin debilidades ni desmayos, durante casi medio siglo. Ciudadano honesto en toda la extensión de la palabra, ha sabido afirmar con su virtuoso proceder en la vida profana, el valor de su prédica, prestigiando así la doctrina que profesamos.
            En reconocimiento de tan vasta como benéfica obra, que lo coloca en prominente sitio no alcanzado por otro alguno, en nuestras filas; los espiritistas que firmamos, dedicamos esta humilde ofrenda, bien inferior a sus méritos por cierto, pero que va impregnada de los más profundos y sinceros sentimientos de simpatía y gratitud, por la titánica acción desplegada por el venerable obrero de la gran causa espiritista, que es la causa de la humanidad.”
            El término de su existencia terrenal le esperaba meses después, el 18 de agosto de 1927, en Buenos Aires.
            Había nacido el 27 de septiembre de 1847 en un pueblo al sur de la provincia de Buenos Aires. Cuando su familia se trasladó a la ciudad de Buenos Aires, siendo él adolescente, ingresó a una escuela religiosa y luego a la Universidad Nacional, para cursar  estudios de abogado. Contó, entre compañeros de estudios,a Carlos Pellegrini e Ignacio Pirovano.
            Desde muy joven comenzó a escribir en algunos diarios. José C. Paz fundó el periódico La Prensa el 18 de agosto de 1869 y nombró a Mariño, de 22 años de edad, como su Director, cargo que ocupó hasta fines de 1870, momento en que tomó otro rumbo.
            Su espíritu solidario, caritativo, se empezó a manifestar en oportunidad de  la epidemia de viruela en Chile (1872). Presidió el Comité de Ayuda a este país que le reconoció su gesto con medallas de oro. Colaboró en oportunidad de la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires, aún cuando al asistir a los enfermos contrajo también ese mal.
            Fue nombrado por Aristóbulo del Valle, ministro de gobierno de la provincia, integrante del personal de los Tribunales del Sur, con sede en Dolores, y pasó a residir en esta ciudad bonaerense. Allí se vinculó con el Ing. Rafael Hernández, hermano del poeta José Hernández, quien le puso en conocimiento de la doctrina espírita a la que, de inmediato, adhirió fervorosamente. También participaba del grupo Ángel Scarnichia. Era entonces Mariño un procurador muy experimentado y, debido a su intensa actividad, no terminó sus estudios de abogado.
            1874-1879: su vida transcurrió en Dolores. Regresó a Buenos Aires e integró el Estudio de los doctores Aristóbulo del Valle y Mariano Demaría, personalidades muy destacadas del mundo del derecho. Simultáneamente era Juez de Paz (hasta 1895)
            1895-1904: Trabajó en el Banco Nacional de Préstamos. 1902-1917: Se ocupó en la Tramitación de asuntos judiciales y otros.
            1879:  Llegó a Constancia, siendo presidente Don Ángel Scarnichia.
            1881: Fue nombrado Vicepresidente. Dio enorme impulso a las Conferencias para difundir el conocimiento espírita.
            1883: Nombrado Presidente de Constancia, comenzó a desplegar todo su dinamismo con la palabra y los escritos, la acción tenaz e inteligente en una actuación  que se prolongaría a lo largo de casi cincuenta años.  Director de la Revista Constancia, Director de Sesiones, primer Presidente de la Confederación Espiritista Argentina, mantuvo, además, una abundante y valiosa correspondencia (incluyendo la existente con la destacada Amalia Domingo y Soler).  Estuvo rodeado de brillantes colaboradores. Polemizó largamente con autoridades y órganos religiosos  que acusaban al Espiritismo y sus sostenedores, declarándose férreo enemigo de la “fe ciega”, por conducir ella a la mentira y al absurdo.
            De su matrimonio con Mercedes Milani nacieron seis hijos y otros seis niños, huérfanos, fueron adoptados. Por esta razón no es extraño que su espíritu caritativo apareciera también  cuando concibió, desde Constancia, la creación de un Asilo, en 1908, que se inauguró en 1925, en San Martín (Prov. de Buenos Aires). La norma era allí la bondad, la calidez de hogar; el lema en la puerta de entrada decía: “Donde el amor impera, todas las leyes sobran”.
            El actual edificio de Constancia es también fruto de su empuje y tesón  aunque, inaugurado en 1932, no contó con su presencia física.
            Sus obras condensan su nítido pensamiento y muestran las características salientes no sólo de Constancia, sino también del espiritismo de la época.
            Su labor intelectual fue muy intensa: Publicación de artículos y conferencias de su autoría en la Revista Constancia; autor de varios libros, entre los que se hallan “Primeras golondrinas” (novela), “Bases para la formación de un Partido Democrático Liberal” (en otra faz de su pensamiento), “El Espiritismo”, “El Espiritismo ante la Ciencia”, “El Espiritismo al alcance de todos”, “El Espiritismo en la Argentina”, “Pruebas concluyentes de la existencia del alma”, “Reglas para la formación de Centros Espiritistas” (en colaboración con el Dr. Ovidio Rebaudi) y “Memorias de un hombre mediocre”.
            Por ser sumamente elocuentes, esta síntesis, que es apenas un esbozo, concluye con sus propias palabras, expresadas en  las  Memorias:
            “El móvil de cuanto he hecho y podido exteriorizar, fue siempre altruísta. Cuando he creído que una idea era buena he tratado siempre de prestigiarla y propagarla dentro de mis limitadas aptitudes. Jamás me detuve ante una consideración egoísta o de mero interés personal, cuando con la sinceridad que me caracterizaba he llegado a descubrir una idea o  una doctrina que pudiese servir para el progreso moral de la humanidad. Como es público y notorio, he sacrificado toda consideración personal y utilitaria, y hasta el buen concepto que pudiese inspirar a los demás, cuando he vislumbrado un camino más recto y seguro de llegar a la verdad, porque considero que la verdad, sinceramente sentida y practicada, es lo único que hace amar la vida, por su dedicación al propio progreso individual y colectivo”.

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